DOMINGO 4º DEL TIEMPO ORDINARIO (29-Enero-2012)
Comienza Jesús a predicar y el evangelista nos hace notar que lo hace con autoridad profética. No como los rabinos (Evangelio: Marcos 1, 21-28). Su fama se extiende enseguida por toda Galilea, su enseñanza doctrinal va acompañada de curaciones, que ratifican su mensaje de salvación. Curaciones físicas que nos llevan a considerar la necesidad que todos tenemos de liberación de nuestros propios demonios: la soberbia y el egoísmo. Jesús liberador domina el mal y la gente lo nota asombrada: “¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo”. Acerquémonos al Salvador para que nos libere de todo lo que nos impide amar y servir a los hermanos.
Ya Moisés había anunciado la llegada de un profeta muy especial que hiciera de intermediario o de puente entre Dios y los hombres (1ª lectura: Deuteronomio 18, 15-20).
San Pablo recomienda el celibato por el Reino de los Cielos, como Jesús, a los miembros de las primeras comunidades. A partir de entonces será un carisma y un testimonio profético peculiar ente las diversas vocaciones cristianas (2ª lectura: 1ª Carta a los Corintios 7, 32-35).